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Ana Edith Postigo De Castro
Productora

Bodega el Fundador

Marca  «Postigo»

Socia Filial Valle de Vítor – Región  Arequipa.

 

“La Importancia de la memoria vitivinícola, tradiciones y costumbres que se trasmiten generación tras generación”

 

Soy viñatera, vinera y pisquera por angas y por mangas. Nuestra tradición vinera y pisquera tiene su origen en el valle de Vítor, en la región Arequipa. Hunde sus raíces hasta el 1610 por el lado materno mi padre, Nicanor Postigo Alemán, porque la familia de Doña Teodora Alemán Reynoso, mi abuela, está presente desde ese tiempo en el cultivo de las viñas, así como en la elaboración de vinos y finísimos aguardientes. Por mi rama materna, la familia Velarde llega a Vítor alrededor de 1750, hace más de dos siglos y medio. Se establece en el lugar y se hace cargo de una hacienda de viñas con su respectiva oficina (bodega). Después, al contraer nupcias Doña Casilda Zúñiga Velarde con Don Jesús Zenteno Paredes, mis abuelos maternos.

En Vítor, el valle del eterno sol, donde nace la viticultura de América, es donde crecí y aprendí todo lo relacionado con el que hacer vitivinícola. Tuve el privilegio de recibir cátedra en estos menesteres de mi padre, “Don Nico”, y desde muy joven aprendí a podar. El solía decir: Si no sabes manejar tu viña, no pretendas ser buen bodeguero; el asunto es que te conectes con esto desde el nacimiento. A las vides tienes que quererlas, amarlas, cuidarlas y podarlas a su debido tiempo.

Viéndolo hacer ese trabajo año tras año, siempre con ese esmero, aprendí la importancia y el valor de hacerlo así; por eso aprobé mi primer examen de poda cuando tenía 15 años. Todavía recuerdo cómo me miraba mi padre, con una sonrisa y totalmente complacido porque me estaba graduando en poda. Era mi primer paso.

Al cumplir 18 años, mi padre me dijo que ya estaba grandecita como para aprender a “meter la nariz y la lengua” es decir, que ya tenía edad suficiente para familiarizarme con los olores y sabores del primer chorro y entrenarme para hacer corte de cabeza y cuello, también para saber cuándo cortar cola y tener el espíritu o corazón. Me llevo algunos años aprender cómo se hacía esto, porque el maestro era muy exigente. Por eso, mi gratitud y reconocimiento eternos a mi padre, ese maestro apasionado y enamorado de las viñas, el vino y el Pisco.

Ha llegado la hora de poner en práctica todo lo aprendido, dirigir y hacer vino y por supuesto Pisco o como aquí en Vítor le decíamos: “aguardiente de vino”. Debo decir que fui una alumna aplicada… gracias a la dirección de mi padre. Hasta el día que murió, siempre estuve bajo su atenta mirada, siempre compartiendo y aconsejándome para que el vino brille. Él siempre decía: Si el vino brilla, brillará también el Pisco; no hay Pisco sin un buen vino. Todas estas actividades siempre se realizaban en la bodega familiar hasta allí llegaban los amantes del buen vino y del buen Pisco.